Un alma “libre”

Soy un alma libre.

No tengo ataduras,
Ni compromisos,
Ni anclajes
ni fechas.

Por no tener,
No tengo ni paz ni sosiego.

Estuve en Ottawa,
Montevideo,
Maputo,
Taiwan,
Bangkok,
Melbourne y Vancouver

Escalé montañas,
atravesé el desierto,
Me puse en peligro.

Y sigo hambriento,
Insatisfecho.

Buscando eso,
ese algo,
Que me acompaña allá donde voy.

Mi búsqueda será infinita,
Jamás cesaré de viajar,
de buscar sensaciones
Que alimenten este alma TAN libre.

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Permíteme ser

Déjame que te cuente. Permíteme derramar las lágrimas más amargas, las más tristes palabras, déjame describirte cómo es mi paisaje en estos momentos. No me censures, por favor. No me digas que “eso” no es así, que no debería llorar, que no merezco sentir lo que estoy sintiendo.

Ten en cuenta que, en este momento, contándote “eso”, te estoy ofreciendo algo muy auténtico. Tanto como vulnerable…

Poco importa el contenido de lo que me digas, así que no te sientas forzad@ a darme una respuesta. Lo que de verdad cuenta es que estás ahí, y se me está permitiendo mostrarme tal cual soy en este momento. Lo que valoro nada tiene que ver con lo que puedas decirme al respecto. Bien sabes que de nada servirá una actitud paternal.

Claro que me quieres, por eso me permites ser. El peso de lo que te cuento hará que me sienta algo más liger@, pero no por ello menos responsable. Recuérdalo. Nada ni nadie puede ni deberá asumir mi vida.

Así que espero quede claro, que lo que cuenta ahora es, que me des ese espacio para mostrarme tal cual soy. Tal vez bajo tu criterio, pueda yo aparecerme ante ti equivocad@. Déjame decirte, es tu criterio. No trates de imponérmelo. Permíteme ser.

 

Grati-tud

Llevo un tiempo pensando escribir sobre esta emoción. Puede que te resulte familiar, incluso puede que la hayas sentido alguna vez ante algo que has recibido. No obstante, cuando empecé a indagar sobre ella, descubrí más de lo que esperaba encontrarme. Sin duda, estamos ante una emoción poderosamente positiva, señal de salud emocional.

No te sorprenderá mucho si te digo que se trata de una actitud de reconocimiento por un beneficio que se ha recibido. Tal vez te resulte menos conocido si te digo que se trata también del reconocimiento que sentimos hacia nosotros mismos por ser quienes somos y por saber cuidarnos bien.

Quienes sienten a menudo gratitud presentan mayor nivel de bienestar subjetivo, están más satisfechas con sus vidas y con sus relaciones sociales. Ahí es nada. Además, decirte que perciben un mayor control de sus circunstancias, y encaran las dificultades buscando ayuda tanto instrumental como emocional en otras personas, reinterpretando y aprendiendo de la experiencia. Por el contrario, es menos probable que traten de eludir los problemas, negar que existan, culparse a sí mismos o hacer frente a ellos a través del consumo de sustancias adictivas.

Cuando a menudo sientes esta emoción también sientes crecimiento personal, propósito en la vida y aceptación de uno mismo.

Y, por supuesto, sintiéndose uno así, también fortalecerá sus relaciones sociales. La gratitud fomenta las relaciones interpersonales cuando se practica con sinceridad y se concreta el motivo de tal acto. “Gracias por haberme ayudado”, podemos decir.

Voy a proponerte algo. Escribir un “diario de gratitud”, en el que cada día anotes tres cosas por las que estás agradecido. Este ejercicio, llevado a cabo en un estudio, mostró que las personas que lo realizaban regularmente presentaban mayores puntuaciones de felicidad.

Y, otro más. Puedes escribir sobre una persona por la que te sientas agradecido/a, e incluso entregársela a su destinatario/a. Me encantaría saber el resultado 😉

Grati-tud, que en mí resuena a “gratis” y a “actitud”. ¿Por qué no fomentarla?¿Por qué no entrenarnos en ella?

Por último, escribo un texto llamado “Donar temps a la vida” de J.Soler y M.Mercè Conangla:

GRACIAS…

Por la vida//por el pasado que me ha enseñado//por el presente que es mi ahora//por la expectativa de futuro//por la oportunidad de nacer//por mi infancia, que me acompaña//por la juventud que no quiero perder//por la madurez posible//por la vejez que quiero vivir//por la aventura de amar//por el estímulo de aprender y crear//por los momentos de sueño y felicidad//por las pausas, los silencios y el reposo//por la dificultad y el reto de “ser provisionales”//por la fluidez y la relatividad del tiempo//por poder perder y gastar mi tiempo//por el misterio del morir y del vivir//por el placer de encontrar “mi propio tempo” en la vida.

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“No quiero sentir esto”

Dado el profundo respeto y admiración que ha causado este vídeo en mí, no añadiré nada más sobre él, al menos en esta entrada. Te concedo el protagonismo a ti, querid@ lector/a,  para que entiendas lo que quieras entender, y para que compartas tu opinión aquí si te sientes motivad@ a ello.

PD: Los subtítulos en español se seleccionan en la esquina derecha inferior del vídeo.

Niveles de comunicación

Pensemos en una pirámide, cuyo nivel más bajo lo presiden los tópicos y las frases hechas, mientras que en la cúspide de la misma aparecen los sentimientos. En el segundo escalón tomando como referencia la base, aparecería el hablar de los demás y/o de temas neutros, y un escalón más arriba, estarían las ideas y opiniones. Una vez nos hemos formado una imagen de esta pirámide, sólo queda darle un sentido. Estoy aludiendo a los distintos niveles que pueden darse en la comunicación, de forma que a más altura (En la cúspide aparecen los sentimientos), más calidad de la misma.

Cuando comunicamos al otro un sentimiento, una emoción o nuestras necesidades, éste nos está dando un regalo. Es por ello que debemos valorar como un privilegio esto que nos cuenta, pues está depositando su confianza en nosotros. El riesgo que toma es importante: cuando mostramos nuestra vulnerabilidad, podemos resultar heridos. Así pues, no hacer un mal uso de este privilegio está en nuestras manos.

¿Cómo hacer un buen uso del privilegio que supone esta confianza? Hemos de intentar entender qué siente el otro y expresar interés y comprensión. A esto contribuirá el no cambiar de nivel, respondiéndole por ejemplo con otro de menor calidad:

– Estos días estoy sintiéndome bastante desanimada (Nivel: sentimiento)

– Ah pues yo últimamente estoy ocupadísima con tanto trabajo (Nivel: hechos)

Puede que este pequeño fragmento de un diálogo te resulte conocido, puede que reconozcas lo sol@ que te sentiste en ese momento.

Una posible alternativa para mostrar interés y comprensión podría haber sido:

-¿Ah sí?¿Qué te pasa?

Y esta respuesta habría dado pie a un posible diálogo terapéutico.

Y a ti, ¿Qué tipo de respuesta te han dado cuando has mostrado tus sentimientos?

 

Reconocimiento

Niños, adolescentes,adultos y ancianos. Absolutamente todos necesitamos el reconocimiento de los demás. Que el otro sepa mirarme, y me diga qué ve.

– ¡Qué regalo tan bonito!¡Cómo se nota que me conoces bien! Y sabes cómo arrancarme una sonrisa…

– Muy bien, eso es hijo. Has construido un castillo precioso, fuerte y grande.

-Cariño, gracias por dejarme la nota cuando te fuiste.

-Cada vez que te veo me excito.

-Mamá, me encanta lo bien que sabes entretener al pequeño.

-No sabes lo bien que me siento después de que hayas tenido el gesto de pedirme disculpas. Te lo agradezco.

-Y soñé contigo la otra noche.

-Mira, te ayudo y lo hacemos juntos los dos, ¿vale?

-Estoy de acuerdo contigo, planteas en tu ejercicio cosas interesantes. Me gustaría subrayar…

-Hoy no puedo quedar contigo, pero he pensado que quizás…

-Eres una heroína

Grandes, medianos y sutiles comentarios. Sacian y hacen una pequeña diferencia. No es lo mismo escuchar estas palabras que no.

¿Y tú, cuál añadirías?

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